GRACIAS MADRE
acogen la llegada del misterio.
Esclava en el divino cautiverio,
se hace nido de carne tu clausura.
En tu sangre de niña se inaugura
un fluir -río tierno- de salterio.
Fértil en soledad de monasterio,
va creciendo la luz de tu figura.
Madre de amor y virgen prodigiosa,
te abrirás en el alba, Niña rosa,
y alumbrarán tus pétalos al Niño.
Serán cuna tus brazos maternales;
tus pechos, amorosos manantiales;
y Dios florecerá con tu cariño.
