trae tu Verdad de Luz Resucitada?
¿Qué noto en mí presente y lacerante,
rompiendo el aleluya de mi vida?
Abro los ojos y la flor no acierta
a decirme sus versos presentidos.
No alcanzan mis palabras
a curar las heridas de los hombres.
trae tu Verdad de Luz Resucitada?
¿Qué noto en mí presente y lacerante,
rompiendo el aleluya de mi vida?
Abro los ojos y la flor no acierta
a decirme sus versos presentidos.
No alcanzan mis palabras
a curar las heridas de los hombres.
diste garantía a nuestras resurrecciones.
Nuestra vida, incluso la del cuerpo,
no termina en la muerte y en la nada .
Tu eres Dios de los vivos. Eres el Padre
de la Vida.
No cabe en nuestra sabiduría de
hijos tuyos, el horizonte dramático
del nihilismo.
las dimensiones del ser: hemos resucitado Contigo.
Contigo, Resurrección significa ver, palpar, oír, oler, gustar.
Contigo, Resurrección es nacer, morir, revivir.
Hay una corriente de sangre cálida, cuando el frío nos envuelve.
Hay un alivio de luz intuida, cuando la noche nos circunda.
Hay tierra fértil donde sembrar la alegría.
Hay niños, doctores en tu Reino de Amor,
y palomas proclamando la hermosura de la paz: tu Paz.
Hay ese saber que nunca morirán los padres, los hermanos,
los abuelos…
los conocidos y los desconocidos,
los ciervos y las codornices…
Hay la iniciada primavera de la familia eterna.
El asombro feliz me resucita
con tu viva presencia y tu mirada.
Ha llegado tu carne maltratada
al fulgor de la luz nunca marchita.
Testifico alegría manuscrita
con verso torpe y alma enamorada.
Nunca estará mi voz deshabitada
porque tu “Paz” en mi pobreza habita.
Eres Amor y tanto Amor, que tomas
el corazón del hombre y te desplomas
en su dolor de lámpara fundida.
Eres Amor total, superlativo
Cuerpo muriendo eternamente vivo
para enterrar la muerte y dar la Vida.
tras vencer las tinieblas de la muerte.
Mi débil corazón se torna fuerte
y revive mi sangre lacerada.
Estás vivo, Señor, está sellada
la verdad de tu Vida. Poseerte
será vivir la consumada suerte
de habitar en Tu Luz resucitada.
Me das, Resucitado, la Esperanza
de saber que el amor nunca declina
aunque rasgue la sombra tu costado.
Erguido en Ti, mi pobre ser alcanza
el gozo que me impregna y me ilumina
para ser tu testigo enamorado.
tras vender las tinieblas de la muerte.
Mi débil corazón se torna fuerte
y revive mi sangre lacerada.
Estás vivo, Señor, sobre la Nada.
Tu Vida es la Verdad y poseerte
será vivir la consumada suerte
de habitar en tu Luz resucitada.
Me das, Resucitado, la Esperanza
de saber que el Amor nunca declina,
aunque rasgue la sombra tu costado.
Erguido en Ti, mi pobre ser alcanza
el gozo que me impregna y me ilumina
para ser tu testigo enamorado.
Beso interior al hombre y a la rosa.
Presencia del Amor que se desposa
con la carne cansada y vacilante.
Vives, Señor. Tu lámpara incesante
nos alumbra, nos alza, nos rebosa.
Hay sonrisas, Contigo, en cada cosa.
Hay dimensión de eternidad triunfante.
Jesús, Señor, mi vida toda tuya
es gratitud profunda, es ¡aleluya!
que esparce primaveras de alegría.
Jesús, Amor, vivir para quererte,
para, Resucitado, poseerte
es la misión que el Padre me confía.
tu noche sin estrellas.
Fue tu Sangre la luz que nos guiaba
por calles de amargura.
Viernes morado con olor de muerte.
Envolvimos tu cuerpo y lo enterramos
en el sepulcro abierto y en el alma.
para envolver los miembros del Maestro querido.
Todavía las sombras oscurecen las sendas;
todavía suspira su corazón herido.
Una tímida alondra presagia la esperanza
y remonta sus ansias en clarísimo vuelo;
pero el torrente amargo del llanto se abalanza
en las caras marchitas por hondo desconsuelo.
Gracias, Jesús. Tu Cruz me parecía
el triunfo del pecado y de la muerte.
Pero vives, Señor, y se convierte
la noche del dolor en claro día.
Gracias, Amor. Mi sangre presentía
la dicha ilimitada de quererte
y estás vivo, Jesús, para encenderte
perpetuamente hogar de mi alegría.
Tu Presencia desborda mi palabra
y hasta logra, Señor, que se me abra
el corazón de cada ser Contigo.
Viviente Luz, Dador de toda vida,
nómbrame ruiseñor de amanecida,
apóstol de tu Amor, claro testigo.
¡Que firme tu Esperanza cuando el frío
del sepulcro guardaba tu semilla!
Callada y enterrada Te quedaste
nutriendo, como siempre, su silencio.
Moriste cuando El, aunque tu vida
de Madre rota en pie nos sostenía
la débil esperanza.
una sombra clavada en la mirada
hiriendo mi pupila con la nada
donde mi ser se desvanecería.
Pero veo encendida tu bujía
y, Contigo Viviente, mi pisada
se hace canción de llama enamorada
que prende los caminos de alegría.
Estás vivo, Jesús, para vivirme;
para darme Tu Luz, para lucirme
con tu Presencia cálida en las cosas.
Gracias, Amor, Jesús. Nada me inquieta.
Tiene razón mi sangre de poeta
besando estrellas y cuidando rosas.
porque he besado tu dolor de muerte.
La fuerza de tu Vida me convierte
en testigo que anuncia tu alborada.
Estás vivo, Señor. Desmantelada
la cárcel del pecado. Mi gran suerte
es estar a tu lado para verte
y seguir jubiloso tu llamada.
Seguir, llegar, en pos de Ti a la cumbre
con mi cruz, con tu Cruz, en reciedumbre
y sonrisa sencilla de aleluya.
Vivir Contigo tu Pascual Misterio.
Ser sangre, tierra, luz, amor, salterio:
amigo tuyo pertenencia tuya.
Me llamas a vivir la cercanía
de sentir el calor de tu mirada.
Me llamas a pasar. Y tu llamada,
con urgencia de luz, me desafía.
Me llamas a cantar la rebeldía
de poner sembradura cuan nada
en el agrio sudor de la jornada
que hace fértil el sol de cada día.
Me llamas a volar, a ser la Pascua
que al frío leño lo convierte en ascua
que abrase corazones sin oficio.
Me llamas a enterrar mis paraísos
con tierra de sinceros compromisos
a tu servicio, Amor, a tu servicio.
beso al aire, a la lluvia y a las flores;
hago canción feliz de mis dolores
y profesión de luz de mi bujía.
Porque el Amor me llama y se confía
en mi sangre de niño, los colores
pintan de vida todos mis amores
y nutren mis entrañas de armonía.
Porque estoy poseído por tu llama
mi corazón creyente se derrama
amando y sólo amando alborozado.
Porque has resucitado al universo
tiene raíz mi jubilo y mi verso
Contigo, mi Jesús resucitado.
Ya se palpa tu cielo presagiado
en el alba feliz de tu sonrisa.
Trae en su vuelo cada nueva brisa
aleluyas de gozo madurado.
Tu Corazón de fe resucitado
se hace palabra cálida y precisa.
Eres, Virgen, primera poetisa
del fruto de tu vientre consumado.
Alégrate, Señora, Reina mía,
que el Rey Resucitado Te confía
donar resurrecciones en manojos.
Sólo Contigo, flor resucitada,
se percibe Su Luz alborozada
que declama el poema de tus ojos.
Cuando te miro, Dios Resucitado,
salgo victorioso de las muertes que me aterran.
Resurjo, como las flores en primavera,
vigorizado por la savia de tu Resurrección.
He de acostumbrarme
a las mil muertes diarias sin pactar con el acabamiento.
Se va tu Hijo, Madre. Quedas sola
para cuidar la Iglesia adolescente.
Tú serás esa playa confidente
que recibe del mar ola tras ola.
Tú serás hermosura de amapola
donde el sol ascendido se consiente.
Darás tu Corazón sencillamente
como Madre callada que se inmola.
Se va tu Hijo, pero Tú cultivas
la lumbre de la fe con llamas vivas
de claridad evangelizadora.
Buscarán los creyentes tu mirada
y notarán que está recuperada
la fuerza de su mano sembradora.
Amor a Ti, sin mí, sin mi penumbra,
sin mi denso clamor adolescente.
Todo llama de amor que se consiente
en tu llama de amor que me deslumbra.
Deslumbrado en tu Luz, tu Luz alumbra
mi pobre corazón incandescente.
Sin mí, poblado de tu Amor creciente,
vive mi flor y en tu vergel se encumbra.
Amor a Ti, sin mí, sin compensarme
con ceniza de mérito escrita
que apague el fuego de mi casa Tuya.
Amor a Ti, sin mí: difuminarme
humo de incienso en vuelo que conquista
eterno amor cantando el ¡aleluya!
Vivir de Ti, vivir para vivirte.
Vivir para sentir tu primavera.
Crecer en vida haciendo que la espera
incremente la dicha de servirte.
La vida solo es luz para lucirte
el corazón es corazón, si hoguera.
La mies, para ascender desde la era
a ser tu Pan y así distribuirte.
Ansío vivir resucitadamente
que Tu Vida en mi vida esté presente
dando vida a la tierra dolorida.
Y, en andas de tu Vida levantado,
morir para vivir: quedar sembrado
para nacer gozando de tu Vida.