para envolver los miembros del Maestro querido.
Todavía las sombras oscurecen las sendas;
todavía suspira su corazón herido.
Una tímida alondra presagia la esperanza
y remonta sus ansias en clarísimo vuelo;
pero el torrente amargo del llanto se abalanza
en las caras marchitas por hondo desconsuelo.
