Troncos grises y copas verde oscuras
que el tiempo retenido va escribiendo
sobre la piel austera de mi pueblo.
Alguna liebre goza del silencio
y las tercas cigarras, de su hogar.
El aire se detiene entre sus brazos
y recita plegarias monacales.
En el viejo Monasterio
habitan multitud de pájaros.
Conviven las distintas especies
en fraterna algarabía.
Se sienten dueños
y cada pareja cuida celosamente
el hogar de su grieta.
Estoy aquí salvando la escalada
a la cumbre nevada que me cita.
El hombre pardamente se marchita,
gramos de barro triste hacia la nada.
Pero yo soy blancura dilatada
que fecunda la tierra y resucita
para ser primavera manuscrita
por tu pluma, Señor, blanca y callada.
Yo proclamo que vivo porque vives
en lo profundo de mi ser que crece
como el niño en el seno de su madre.
Yo te hablo, Señor, y me recibes
en la cuna blanquísima que mece
tu desvelo blanquísimo de Padre.
Blanca sobre las lomas onduladas
besa el regazo de la madre tierra.
En silencio de paz canta la sierra
calor de hogar y arrullo de baladas.
Palomas de metal cristalizadas
salvan el vuelo que a la luz se aferra.
El corazón en éxtasis destierra
la soledad oscura de la nada.
El ama la vida pronunciando huellas
como blancas palabras de esperanza
y salvación gozosa de horizontes.
Están de fiesta todas las estrellas
en verse reflejadas en la danza
callada y blanca de los blancos montes.
Sendas y caminos,
regatos de sierra,
carretera nueva
de concentración…
Polvo en la vereda,
sol desafiante,
ilusión ardiente
de luz y de sol.
Pero decidido
que escalar desea
los riscos más altos
de su derredor.
Picachos gigantes
arroyo que corre,
manantial que nace,
pradera en verdor…
Sudor en la frente
cansancio aparente,
nueva fuerza dentro
luz a pleno sol.
Horizontes nuevos
de altura serrana,
caminos que suben
en dura ascensión.
¡Merece la pena
mirar hacia arriba,
gozar de la altura!
¡muy cerca está Dios…!
COMO EL OTOÑO
Como el otoño:
despojarme de muertes adheridas, esas hojas de mí amarillentas
que ya no nutren de aire y de sol mi vida.
en oscuras cavernas de razones
pero destruye
la Razón y el Motivo para darme.
Como el otoño,
en vuelo estilizado con los árboles
ascetas de Esperanza,
saber, en desnudez, que crece dentro
tu densa primavera de silencio
tras el invierno crudo asimilado.