En el viejo Monasterio
habitan multitud de pájaros.
Conviven las distintas especies
en fraterna algarabía.
Se sienten dueños
y cada pareja cuida celosamente
el hogar de su grieta.
Cuando se llega al territorio monacal,
siempre saludan con alarma jubilosa de gorjeos
y regalan sus tesoros
de danza ingrávida en el aire.
Volar es su don
porque el cielo es su casa:
el mismo lema
que profesa el Monasterio;
Tal vez, por eso eligen su recinto.
Para mí, los pájaros son
la sonrisa de la libertad.
Con ellos me siento poseedor
de horizontes amplios
sin límites de urgencias atribulantes,
sin desasosiegos de rivalidades devoradoras
sin nieblas de humos contaminantes…
Los pájaros de Monasterio son
el poema alado de la esperanza.
Ellos certifican que, en este lugar,
se cultivan las raíces
de la Trascendencia.
Yo peso menos
cuando contemplo su
su júbilo de plumas.
