Gracias por ser palabra silenciosa,
relicario de luz, ala del sueño,
historia en piedra y piedra con empeño
de traducir el alma de la rosa.
Gracias por ser mansión donde reposa
la blancura de salmo navideño.
Incienso adorador al alto Dueño
que crea cuando besa cada cosa.
Cuando tu manto de silencio puro
cobija mis anhelos, inauguro
intimidades de sabiduría.
Cúbrame tu cogulla Cisterciense
remoto monasterio, San Vicente,
y será “gregoriana” mi alegría.
