Somos peregrinos; pero
no estamos solos.
Caminamos en común.
Partimos nuestro pan,
bebemos de la misma cantimplora,
el mismo bastón da alas a nuestro peso.
Somos peregrinos; pero
no estamos solos.
Caminamos en común.
Partimos nuestro pan,
bebemos de la misma cantimplora,
el mismo bastón da alas a nuestro peso.
Querido Dios, Espíritu Paráclito:
Vengo contento a dialogar Contigo
y siento que mi carne prisionera
levita con tu soplo.
Tú me das la alegría de escribirte,
me das la confianza articulada
en sílabas sencillas.
Eres fuerza vital que me convoca
al ser y al existir.
Como artista divino vas poniendo
detalles de hermosura.
Por Ti se hacen poemas las montañas
y levantas al vuelo transcendente.
Por Ti las azucenas se aventuran
a declamar estrofas vegetales.
Por Ti los hombres son imagen viva
del Dios Viviente.
Siempre gritando “Ven”, como los niños
gritan “mamá” con los ojos y con los labios;
como piden ayuda cuando lloran
buscando con sus manos indefensas
la mano de la madre.
Has de venir, Espíritu Divino,
a restaurar la pobre arcilla nuestra.
Has de llenar con dones alumbrantes
nuestra vasija oscura.
Ven, Espíritu Santo,
y riega con tu lluvia mi sequía
Disipa mi quebranto
y enciende mi bujía
con la luz que genera tu alegría.
Mi corazón sin alas
quiere ascender al aire de tu cielo.
Si Tú no me regalas
tu paz y tu consuelo,
quedo en el frío de mi denso hielo.
Alivia mi pobreza
con tus dones humanos y divinos.
Dame tu fortaleza
para andar los caminos
que llevan al hogar de tus destinos.
Y cúbrenos Contigo, de las sombras
que amenazan hundirnos en la noche.
Somos de tierra y luz, con tanta tierra
que, a veces, se desmayan nuestras ansias.
Quedamos rotos, con las alas rotas
y el corazón llagado de egoísmo.
Aleja el frío que nos entumece
la cálida sonrisa dialogante.
Manuscribe los rostros de los niños
en nuestra sangre belicosa y triste.
Derrite la soberbia puntiaguda
con acero de lanzas
y transforma la ira de los cardos
en colonias de flores.
Aléjanos del cálculo avariento
que mata el ser para tener más lodo.
Libéranos de efímeros palacios
fabricados de espuma.
Redímenos de urgencias galopantes
que nunca llegan al sosiego manso.
No nos dejes caer en tentaciones
disfrazadas de gozo.
Danos miedo a los ojos sin asombro,
a los pies sin caminos liberantes,
a las manos vacías de gabillas,
a la sangre sin ríos fecundantes,
al corazón latiendo para nadie.
Danos miedo al vacío vanidoso
que se hospeda en el “yo”, que sólo sabe
construir arrogancias lacerantes.
Aléjanos del frío; que nos guarde
la llama de tu hogar perennemente.
tu presencia creante en nuestra sangre.
Que tu gracia divina nos empape
con vivencia de gozos teologales.
Que la fe nos alumbre certidumbres
y la esperanza sólidos cimientos.
Que el amor nos conquiste y nos rebose
con empleo de oficios adorantes
y con gozos de entrega diligente.
Que vivamos sin miedo embriagados
cantando la alegría de existir
y ser palabra eterna de cariño.
Que seamos Contigo alegradores
de los hombres talados por la pena.
Que salvemos al mundo sin sentido
con certezas pobladas de horizontes.
Que el Hijo-Dios, plantado en las entrañas
de la Virgen Purísima, nos robe.
Nos robe y enloquezca. Nos deslumbre
al oír su Palabra redimente.
Que estemos sumergidos, impregnados
en su misma locura de cariño
que se pronuncia en nuestra pobre carne.
Que con gozo libérrimo prendamos
el fuego de su Amor Resucitado.
Se revela tu Luz en la hermosura
de la Virgen sencilla, de María.
Se goza tu divina cercanía
en la paz que desprende su figura.
Pones en Ella tu sonrisa pura,
el salmo de tu dulce melodía.
En Ella luces tu perenne día
y el nido maternal de tu ternura.
Espíritu de Amor, viento divino
que tu sol trinitario cristalino
me impulse hacia tu Luz hasta que entre.
Dame tu mano, llama prodigiosa,
hasta ver en el rostro de tu Esposa
al mismo Dios, capullo de su vientre.
Venimos de tu llama creadora
para ser y pensar cariño eterno.
La nada nos acecha impertinente
con guadaña de horror sepulturero.
Se cansa el corazón y languidecen
los sueños de vivir en crecimiento.
Sólo Contigo lámpara creante
se retira la sombra del vacío.
Falta ilusión al corazón del hombre.
Carece de entusiasmo que despegue
el peso de su carne.
Queda reptando entre cenizas muertas
porque ignora sus alas transcendentes.
No sabe ser tu lámpara encendida
ni encender los caminos al misterio.
Ningún dolor, Espíritu Divino,
como el vacío hambriento que nos muerde.
Vacíos nuestros ojos que no saben
leer el infinito entre las cosas.
Vacías nuestras manos que no tocan
con pulso de cariño laborioso.
Vacíos nuestros pies, torrentes secos
que caminan con prisa hacia la nada.
Ven, Espíritu Santo, que la vida
sin motivos de amor, está marchita.
El tiempo nos devora la existencia
cercando al corazón de veleidades.
Nuestros ojos ignoran las llamadas
que quitan las estrellas,
ignoran los senderos transcendentes
de los seres sencillos que nos cercan.
Ven, Espíritu Santo, purifica
nuestras viejas pupilas laceradas
por dudas pertinaces
que se vuelven parásitas tinieblas.
Imprégnanos de luz en las entrañas
para saber vivir iluminando,
para ser vida en Ti, Dador de Vida.
Ven, Espíritu Santo. Vivifica
las ansias soterradas
que esperan primaveras de esperanza.
Habitaba tu luz en los profetas
cuando lanzaban vías justicieras.
Traspasaba su voz como certeras
galopadas urgentes de saetas.
Pero también tu luz hizo poetas
a estos hombres de sílabas austeras.
Plantabas en su sangre primaveras
con presagio de mansas violetas.
Tu soplo les quemaba las entrañas
y con visión de lámparas extrañas
dibujaba un Reino de bonanza.
Por eso inhabitaste la mirada
del profeta Isaías con la llegada
del mismo Dios en carne de esperanza.
que el hombre gime ausencia de esperanza.
Sólo tu brisa de frescor alcanza
cumbres de luz que nutran su destino.
Ven, invisible soplo cristalino
y enséñanos lenguajes de alabanza.
Sólo quien vive del amor avanza
sembrando “Paz y bien” por el camino.
Árdenos con tu fuego transcendente
para sentir tu beso confidente
y leer con asombro la hermosura.
La hermosura de dar la vida entera
con entusiasmo de divina hoguera
que por amor, amando, nos madura.
(Pentecostés - 1998)
en sus alrededores
sólo estoy sin mí, como exiliado.
En el corazón fertilizo
mis palabras
mis deseos
mis horas de niebla
y mis amaneceres con pájaros azules.
“Ven, Espíritu Santo. llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor Emite tu Espíritu y serán creados. Y se renovará la faz de la tierra”
¡Ven, Espíritu Santo, ven.!
Nos faltas Tú, porque no tenemos en nosotros mismos el manantial de la Vida.
Las entrañas se nos vacían sin Ti.
Ven. Llena los corazones de latidos cálidos:
Que no quede ninguno sin tu Plenitud.
Que ninguno se reserve para sí espacios de sombra.
Que ninguno quede desempleado.
como las plantas necesitan la savia para vivir.
Soy perplejidad, necesito certidumbre;
soy desacierto, necesito consejo;
soy ignorancia, necesito sabiduría;
soy tristeza, necesito júbilo…
Unidos junto a Ti, Virgen María,
los creyentes alivian sus temores.
En su tierra de hombres nacen flores
de gozo difusivo y valentía.
El Espíritu Santo llenaría
la morada de claros ruiseñores.
Salmos de paz y vivos resplandores
sus lenguas enlutadas cantarían.
Siempre Tú, fecundísima plegaria,
dando a luz a la clara luminaria
de Dios Consolador, Fuego Divino.
Siempre Tú, corazón de abierta rosa
pidiendo al sol la llama generosa
que retire las sombras del camino.
SÚPLICA NAVIDEÑA AL ESPÍRITU SANTO
que llega Navidad y los colores
han de vestir la noche con pastores
que lleven a Belén su pan y vino.
Dame tu luz de verso cristalino
y por en mi garganta ruiseñores,
he de cantar el gozo de las flores
que nacen a la vera del camino.
Porque la Virgen reza fecundada
por tu Sombra de amor. Y su mirada
solícita sonrisas para el Niño.
Dame tu luz, tu voz, tu fuego santo
para brizarle bien y tanto, tanto,
que llegue a ser pesebre de cariño.