Estoy aquí salvando la escalada
a la cumbre nevada que me cita.
El hombre pardamente se marchita,
gramos de barro triste hacia la nada.
Pero yo soy blancura dilatada
que fecunda la tierra y resucita
para ser primavera manuscrita
por tu pluma, Señor, blanca y callada.
Yo proclamo que vivo porque vives
en lo profundo de mi ser que crece
como el niño en el seno de su madre.
Yo te hablo, Señor, y me recibes
en la cuna blanquísima que mece
tu desvelo blanquísimo de Padre.
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