Desde la nieve, corazón de armiño,
levanto mi plegaria de ternura.
El candor de su luz me da estatura
y amanece mi paz en desaliño.
Ángeles locos salvan mi cariño
al silencio con alas de altura
y mi sangre gozosa se aventura
a volar blancamente como un niño:
Niño soy, hermanado con la nieve,
cuartilla dócil para ser escrita
si el amor en la pluma que me nombra.
Nadie viole mi sonrisa leve;
nadie manche la luz que deposita
el sol de Dios sobre mi blanca sombra.