Eres el
signo de mi fiel cariño
superado
el ridículo cobarde.
Tu me
dices de Dios y sin alarde
me vuelve
hombre con albor de niño.
Soy
plegaria de luz, cuando me ciño
contigo,
flecha vertical que arde;
arde
esperanza sobre tanta tarde
sin
promesa de cumbres con armiño.
Gracias,
sotana, claridad bendita
sobre mi
débil carne manuscrita
por la
mano de Dios acariciante.
Contigo
soy oferta permanente
de cariño
sencillo y confidente
con
lenguaje de tela convocante.
(Tordesillas,
El Rincón 1 -Junio -1998)
