1/11/20

POEMAS SOBRE LA NATURALEZA

 COMO EL OTOÑO

 

Como el otoño:

despojarme de muertes adheridas, esas hojas de mí amarillentas

que ya no nutren de aire y de sol mi vida.

 

Despojarme del “yo” que me refugia

en oscuras cavernas de razones

pero destruye

la Razón  y el Motivo para darme.

 

Como el otoño,

en vuelo estilizado con los árboles

ascetas de Esperanza,

saber, en desnudez, que crece dentro

tu densa primavera de silencio

tras el invierno crudo asimilado.

 

Como el otoño, ser el surco abierto

a la semilla viva que me siembras.

Las hojas ocre de mis fantasías

transformadas en fértil levadura

para que nazca el Tú desde mis muertes.

 

Y saber que estoy vivo,

que hay presencia en Ti cuando me hiere

tu silencio,

cuando cercas inesperadamente

mi parcela de carne y sólo el grito

se escapa de mí mismo en busca tuya.

 

Saberme otoño aquí, desde esta cárcel

de espacio y tiempo,

y, sin perder sonrisas, esperar

el día intemporal de Tu Presencia.

 

Y, entre tanto, Señor, dar la palabra

al “tú” desamparado del hermano,

encenderme feliz con su mirada,

enriquecer mi vida

en cálidas corrientes de cariño.

 

Y salvar “lo sencillo”:

esta vida ordinaria, diluida

en tareas sin nombre y sin salario.

 

Henchir de poesía al trapo dócil

que nos limpia las manchas con su muerte.

Nunca alojar las iras en mis ojos

ni acariciar tristezas en mi sangre.

 

Abandonarme en Ti, para encarnarme

en Tu Misericordia que me sabe

manchado y roto, cual juguete inútil.

Disfrutar tu Palabra manuscrita

con tu Carne y tu Sangre repartida Eucarísticamente.

Poseer Evangelio, Buena Nueva de Alegría perpetua en mis entrañas.

Y habitarme en Ti, desde mi otoño.

 

(R. Matesanz, Alto silencio, Aranguren 1989, 11 s.)