Se va tu Hijo, Madre. Quedas sola
para cuidar la Iglesia adolescente.
Tú serás esa playa confidente
que recibe del mar ola tras ola.
Tú serás hermosura de amapola
donde el sol ascendido se consiente.
Darás tu Corazón sencillamente
como Madre callada que se inmola.
Se va tu Hijo, pero Tú cultivas
la lumbre de la fe con llamas vivas
de claridad evangelizadora.
Buscarán los creyentes tu mirada
y notarán que está recuperada
la fuerza de su mano sembradora.
