Dios amanece en mí calladamente
cuando menos auguro su presencia.
Se hace en mi carne viva permanencia
de ardiente claridad y amor ardiente.
Dios habla en mí con jubilo de fuente
y me cura la sed de tanta ausencia.
En silencio de paz se confidencia
y me rebosa detalladamente.
Sólo Dios, basta Dios para saberme
dando razón de ser a las estrellas,
encendido en la noche de la vida.
Ha querido su luz amanecerme
para encender caminos con sus huellas
y ser en palabra amanecida.
