“y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador”
Buscamos, Madre, ser felices
porque fuimos creados para la felicidad.
Tú encontraste la fórmula de ser feliz:
Habitar en la casa de Dios y amar su Palabra.
Nada podía turbar tu alegría.
Extraías gozo
de los seres que Te rodeaban,
de las circunstancias pluriformes,
de las contradicciones dolorosas,
porque respirabas en todo la voluntad de Dios
y todo alimentaba tu crecimiento hacia Él.
Nunca te sorprendemos en la cárcel de la ira.
Nunca Te ausentas de la paz interior.
Sufres, pero con fecundidad corredentora.
Lloras, pero con lágrimas que alivian nuestro dolor
y, como eres Madre, gozas aliviándonos.
Hoy, nuestro mundo y cada uno de nosotros
necesitamos felicidad alegría de la tuya.
Llévanos a la casa de Dios. Enamóranos de su Palabra.
Resucítanos sin demora, cuando la tristeza o el desasosiego
laceren nuestra alegría en Dios, nuestro Salvador.
