Yo te pronuncio, Dios, y los colores
declaman su poema encarcelado.
Un latido de luz cristalizado
abre sonrisas cálidas de flores.
El amor se derrama en los amores
y la paz inaugura su reinado.
Hay un clamor de vida inusitado
que enciende claridad de ruiseñores.
Yo digo Dios y existe, simplemente,
y sonrío al lirismo de la fuente
y entiende los motivos de las rosas.
Yo digo: Dios y el corazón se amplía
y mi noche comienza a ser de día
y me hospedo feliz entre las cosas.