16/2/21

HIMNO A LA CENIZA

Gracias, ceniza,

por tu palabra gris con historias de fuego.

Fuiste llama,

fuiste ascua,

fuiste pasión quemante.

Ahora yaces, humilde y dócil,

y cualquier viento te difumina.

¿Dónde están tus desvelos ardientes,

tus sueños de luz,

tus ansias devoradoras…?

¿Qué conservas en las entrañas grises de tu pasado…?

¿Calentaste corazones eternos…?

¿Cociste el pan que alimento vidas eternas…?

¿Iluminaste senderos orientadores

hacia la perennidad con Dios…?

 

En tu pasada adolescencia

viviste el jugo vegetal

de las ramas en vuelo.

Cantaste el Domingo de Ramos

al Rey humilde que es la “Resurrección y la Vida”…

Tú no puedes morir.

Sigues cantando esperanza

cuando te posas en nuestras cabezas.

Tú predicadora gris,

sigues invitándonos a tener fe

en el Evangelio de la Vida.

Te quemaste para vivir.

Te consumiste para volar.

No eres un fracaso: alcanzaste la palabra de la Sabiduría.

 

Haz, querida ceniza, que aprendamos la lección

de tu existencia inmolada:

que nos quememos como incienso adorante;

que cantemos jubilosos al Rey

que tiene palabras de Vida Eterna;

que nos hagamos cochura de pan

para dar de comer a los hambrientos

que sepamos que el amor,

auque pase por el túnel de tu ceniza,

resurgirá con Cristo

para ser árbol vivo

de la eterna primavera.

 

(Miércoles de Ceniza de 1996)