Inmaculadamente lates, rezas.
Inmaculadamente sufres, lloras.
Inmaculadamente das auroras.
Inmaculadamente das bellezas.
Inmaculadamente desperezas
los días, los minutos y las horas:
son palomas tus manos tejedoras;
tesoro inmaculado, tus pobrezas.
¡Inmaculada!: hermosamente llena
de la Gracia de Dios que Te encadena
a ser “Esclava” del Amor divino.
Por eso, tu verdad Inmaculada
es libérrrima entrega consumada
en la carne de Dios, hecho Camino.