¿Cómo podrás, oh Virgen, convertirme
si sólo soy ceniza vanidosa?
¡Cómo tu luz de inmaculada rosa
podrá pasar mi puerta sin abrirme!
Quiero ser tuyo, Madre, diluirme
poniendo corazón en cada cosa.
Quiero ser poesía jubilosa
que viva de tu amor para vivirme.
Eres vasija del amor divino,
carne y sangre de pan y dulce vino
con los que Dios se inmola en cada Misa.
Déjame humilde monaguillo
que alfombra el suelo con filial tomillo
cuando Dios amanece en tu sonrisa.