En este año jubilar de san Juan de la Cruz
al conmemorarse los 300 años de su canonización por Benedicto XIII, y los 100
años de su declaración como doctor de la Iglesia por Pío XI, me parecía
oportuno acercarnos a los poemas que Matesanz le dedicó, como ayuda para
acercarnos a un personaje que por su altura mística y de expresión nos resulta
en parte inaccesible.
Rafael Matesanz escribió al menos 20 poemas relacionados con el
santo de Fontiveros. Uno de ellos es la Carta en verso a San Juan de la Cruz,
que se hizo esperar sin que sepamos el motivo, con la que ganó en 1968 el
entonces premio de la Diputación de Segovia llamado José Rodao. En ella, Rafael
se siente identificado con su interlocutor como sacerdote-poeta, sin separar
ambas realidades. De hecho, el poeta de Prádena descubrió como su doble
vocación que le acompañaría a lo largo de la vida, en su adolescencia: Y me
dirijo a ti, porque tú eres/sacerdote poeta, no dos cosas,/una sola, hecha
carne pronunciada/en respuesta al amor de su llamada…También señala como
coincidente el marco compartido del alcázar, catedral, acueducto, Fuencisla, y
el Carmelo de Segovia desde donde le manda esta misiva como desahogo ante la
secularización, y el dolor que le producía el verse incapaz de revertirlo,
expresado como noche triste y sobreoscura.
En el poema que dedica a todos los amigos de san Juan de la
Cruz, titulado Oficio de San Juan de la Cruz comentando la estrofa 28 de las
Canciones entre el alma y el Esposo del santo doctor siguiendo el Códice de
Jaén, dice: No sabes otra cosa; sólo amar./¿Para qué saber más, si amando
alcanzas/el corazón azul de las estrellas…? Ese amor es vida, vida eterna, como
se muestra en Buscador de vida eterna: Te ascendía el amor, te devanabas,
/árbol de fe, buscando “vida eterna”.
Rafael Matesanz, reconocido sonetista, en uno de sus 14 versos
endecasílabos titulado Suprema descalced aprecia la reforma del Carmelo
llamándola descalza rebeldía, y ante su ejemplo se plantea: A ver si así,
desnudo de mí mismo/ para mejor saltar, cruzo el abismo/y bebo en el origen de
la Fuente.
Dedicó otros cinco al patrono de los poetas bajo el epígrafe
Sonetos de súplica a San Juan de la Cruz, en los que pide sensibilidad en el
corazón del hombre, asombro feliz ante los seres pequeños, profundidad con
dimensión trascendente, paz respeto a la vida, el amor entendido como plenitud
del hombre; y en los que agradece su presencia de cuatro siglos, el ver a Dios
como el Todo poseyente, y cuyos poemas, transparentan y rebosan de Dios.
Una de las coplas de san Juan de la Cruz más conocidas, titulada
Tras de un amoroso lance le inspira a Matesanz su poema Cómo deseo vivir compuesto
de ocho estrofas en que muestra cómo alcanzando a Dios se vive de un modo
nuevo, con el vuelo puro y sencillo del insigne carmelita: En un silencio
caliente,/ en una hogaza partida,/ en un darme confidente,/ en olvido
elocuente,/ en un regalar mi vida.
La experiencia mística del santo se podría resumir en que estuvo
perdido en el Amado. Otro soneto del pradenense con el epígrafe San Juan de la
Cruz perdido en el Amado, lo entiende como ser poseído por Dios, sumergirse en
el origen de la Luz, estar en el divino hogar caliente, lo cual lleva a: Soltar
palomas en cada sonrisa./ Cicatrizar heridas de amargura./ Iluminar feliz la
noche oscura/ y hacer el bien con sosegada prisa.
La celebración de estos aniversarios sanjuanistas es ocasión
para caer en la cuenta de la gracia y honor que supone para nuestra ciudad el
tener entre nosotros el cuerpo incorrupto de san Juan de la Cruz. Rafael
Matesanz fue siempre muy consciente de ello y lo supo cantar y dibujar:
Gracias, Juan de la Cruz, porque Segovia,/ desde que tu miraste sus paisajes/
quedó vestida de palabras místicas/ que compartimos cuando respiramos/ a la luz
de tu sombra en el sepulcro (Gratitud sencilla y honda a San Juan de la cruz).
En soneto le pregunta varias veces estás aquí, ¿verdad?, y gracias a ello
contamos con alas de silencio encendido, un latir de versos encendido, y
poética paz (A Juan de la Cruz desde su Carmelo de Segovia).
En la huerta de los carmelitas en la que oraba el santo
reformador se conserva protegido el tronco seco de una de sus plantaciones.
También llamó la atención de uno de los insignes docentes del Andrés Laguna
plasmándolo en trazos y versos: Juan de la Cruz, madera de ciprés/ con vocación
de vuelo metafísico/ quiere salvar espejos en las aguas con hedor de ciudad en
las entrañas./ ¿Despegaré mi carne del gran miedo/ a plantarme en la roca de la
vida?
La fiesta del 14 de diciembre nos ayuda cada año a recordar a
san Juan de la Cruz. Rafael Matesanz le dedicó en la de 1986 el poema Gratitud
y súplica a Juan de la Cruz que termina así: Juan de la Cruz, amigo, hoy nos
agobia/ otra noche arrogante sin estrellas/ que desea enterrarnos en la Nada./
Vuelve otra vez al cielo de Segovia./ Imprime tus poemas y tus huellas./
Adviértenos Su Cálida mirada. De este poema se sirvió para su pregón del IV
centenario en 1991 de la muerte del santo en el que le agradece los Carmelos
que reformó, su poesía, el amor que despertó, y su sagrado ministerio.
En el homenaje que se tuvo el 12 de diciembre de 1993 en la
capilla del sepulcro de san Juan de la Cruz se leyó el poema de Matesanz
Súplica poética a Juan de la Cruz, que probablemente fuera recitado por su
autor, y del que nos hacemos eco con una de sus estrofas: Juan de la Cruz, que
duermes en Segovia/ reclinado en paisajes teologales,/ danos tu voz para decir
al hombre:/ “Levántate, que pasa Dios amando./ Levántate del cieno que
aprisiona/ tus ojos en la Nada./ Despréndete de la arrogancia bélica/ que
siembra desamparos lacerantes./ Libérate del “yo” que te idolatra/ matando los
jilgueros de tu alma”.
Leer, meditar, rezar a este santo doctor nos lleva, como le sucedió a Rafael Matesanz, a lo auténtico, nos abre horizontes de sentido, nos envuelve de belleza. Este año jubilar es una oportunidad a aprovechar.
José Miguel Espinosa Sarmiento,
El Adelantado de Segovia 5 de enero de 2026


