VEN, OTRA VEZ, TERESA
con las alas marchitas y aburridas.
Siembra, otra vez, tus ansias decididas.
Prende, otra vez. Su llama entre las lomas.
Empleaste la pluma y los idiomas
de pucheros, de rosas y heridas
para hablarnos de Dios en las comidas,
en el alba, en la noche y en las bromas.
Ven, otra vez, Teresa. Resucita
tu locura cordial y manuscrita
en la pena del mundo a la deriva.
Ven otra vez y llena de cantares
el corazón, las tierras y los mares
con tu gracia de luz contemplativa.
