CONFIDENCIA CON EL AMIGO CREYENTE
Vengo desde el silencio
a encontrarme contigo.
Traigo la luz
tallada en mis entrañas
y el corazón ardiendo
como ascua de cariño.
Vengo de estar con Dios:
vengo asombrado
de tanto amor callado sustentándome.
Hablaremos del Único Señor.
Se fundirá nuestra palabra pobre
con el gozo de ser mirada Suya.
Nos estremeceremos de alegría
para decirle gracias y cantarle
la dulce primavera del silencio.
María e Isabel, estad presentes
como maestras del amor que enciende
en verso confidente de Magnificat.
Así, sencillamente, creceremos
en amistad jamás perecedera.