PEREGRINO DE LEJOS
Vengo de lejos, Virgen de la Peña,
buscando tu materna cercanía.
Porque vengo de lejos, con la carga
del hombre lacerado y anhelante…;
porque me pesan niños no nacidos
y jóvenes sin alas generosas…;
porque la paz se agota en las palabras
y no sujeta cóleras de acero…;
porque se cansan de nacer las rosas
sin nadie que recoja su hermosura…;
porque la noche cultivada borra
caminos de esperanza…,
vengo hasta Ti, ¡oh Virgen de la Peña!,
buscando tu mirada sosegante.
Tienes Luz en los ojos. Luz sencilla
de Madre Mediadora que no cesa.
Siglos de historia dándonos ternura
desde tu faz románica morena.
¡Cuántos hijos alzaron su plegaria
a tu silencio manso y elocuente!.
¡Cuántas madres pusieron en tus andas
el candor inocente de sus hijos!.
¿Cuántas vidas en flor se aventuraron
a sembrar primaveras con tu Nombre!.
Señora del paisaje, levantada
en piedra de probada reciedumbre
para fundir el cielo con la tierra,
el trabajo y el verso, la plegaria
nacida de la fe que resucita.
Peregrino de lejos, caminante
que besa, cuando pisa, los caminos
y derriba fronteras erizadas…
Peregrino de lejos, sólo abrazo
de pueblos, de naciones y de mares…
Peregrino de lejos, rebeldía
contra la luz manchada impenitente…
Peregrino con fiesta en las entrañas
que busca dar su corazón alegre
a quienes lloran gritos de vacío…
Peregrino sin sueldo que regala
oficios de cariño y alegría…
Y vengo a Ti, para decirte: Gracias,
porque cuidas mi lámpara encendida
desde la Peña de tu Nombre, Madre:
porque siento calores Trinitarios
-Hija de Dios, Madre de Dios, Esposa
del Espíritu Santo, toda llena
de Gracia y hermosura confidente -
porque me das al Hijo de tu sangre
- Eucarístico Pan que me alimenta -
como fruto bendito de tu Misa.
Y vengo a Ti, para decirte: Sigue
salvando siglos de esperanza eterna
para Brihuega, pueblo que corona
con reciedumbre fiel su Peña tuya.
Y vengo a Ti, para decirte: Llena
el mundo con hogares nazarenos.
Y vengo a Ti, albergue de consuelo,
para donar sonrisa a los que sufren,
para fundar asilos de esperanza,
para salvar arroyos, golondrinas,
piedras con alma y fábricas sin humo…
Y vengo a Ti, para decirte: Madre
llena de madres cada hogar vacío
de besos generosos gratuitos;
llena de padres que jamás renuncien
al dulce peso del amor paterno;
llena de hijos hechos primavera
con flores de virtudes berroqueñas.
Llénanos de Ti misma, Virgen Santa,
de tu presencia santificadora.
Peregrino de lejos, ya descanso
en tu Mirada, Virgen de la Peña.
Por eso me despido confidente
en soneto de lejos cercanísimo:
De lejos y de cerca: confidente.
Contigo en la memoria cultivada.
Eres nieve que besa mi pisada
y convoca mi sangre renuente.
De lejos y de cerca: transparente
gozo de luz que nace en tu Mirada.
Desde la Peña de tu amor, alzada
me das tu Corazón sencillamente.
De lejos y de cerca: peregrino
que saborea su filial destino
sembrando paz y amor en cada hombre.
De lejos y de cerca: con Brihuega,
habitante de fe, que siempre llega
a la recia ternura de tu Nombre.
(Primer Premio de Poesía Virgen de la Peña, Brihuega, Guadalajara, 1995)