SOY HIJO DE LA IGLESIA
alimenta mi vida con la Verdad Eterna.
Me lleva de la mano por caminos morales
y besa mis entrañas con latidos de Gracia.
Soy hijo de la Iglesia: su calor hogareño
calienta e ilumina mi desnuda pobreza.
En Ella Jesucristo me da su cercanía
y me enseña a vivir fraternalmente amando.
Soy hijo de la Iglesia; que me dona sus templos
como espacios seguros de cálido silencio.
En ellos se conservan historias de creyentes
que se funden conmigo para atizar mi fe.
Soy hijo de la Iglesia: Divina primavera
donde brotan las flores de múltiples carismas:
soy Cartujo, Agustino, blanco Cisterciense;
soy Franciscano pobre y sabio Dominico…
Soy hijo de la Iglesia: escucho su palabra
que es la palabra viva y concreta de Dios.
Con ella voy tejiendo los hilos de mis actos
hasta escribir mi nombre con sus letras de amor.
Soy hijo de la Iglesia con Bautismo de Agua,
con Bautismo de llama, y Bautismo de Sangre.
Testifico que Dios en la Iglesia me salva,
testifico que el cielo se presagia en la Iglesia.