la fe de tus padres, el camino.
Conjugaste lo humano y lo divino
para hacer del otoño, primavera.
Toda tu vida, franciscana hoguera;
toda tu cruz, corredentor destino;
todo tu verso, verso cristalino
manuscrito en fecunda sementera.
Pedro, Maestro, sabio en experiencia
de luz humilde y fértil penitencia
alumbrando Teresas encendidas.
Vuelve a prender tu penitente llama,
que la noche del hombre se proclama
señora de las almas y las vidas.
(Sonetos a San Pedro de Alcántara VII)
