MONTAÑA
de la vertiente fría carpetana
o se eleva tu tierra en la palabra
eremíticamente silenciosa
para crecer en densidad de huella?
¡Monte violeta, manantial que vierte
verdad y sueño en desposorio limpio!
Tal vez, cuando manchamos el anhelo
de tu llanura parda, cuando somos
nombres de cualquier bulla sin camino,
te alzas a respirar, Segovia alta,
en la montaña, virgen sobre el polvo.
Y cobijas su huella en el silencio
de tu luz y tu aire más austeros.
No huyes de los hombres; huyes sólo
de su olvido
al reposo eterno y puro,
huyes del llanto de las rosas mustias
en jardines de muda geometría,
huyes del frío del asfalto muerto
con pisadas veloces de delirio,
huyes de asfixias grises, de paredes
obligando caminos hacia el ruido.
Huyes, huyes volando, y en la altura
cultivas a tus flores solitarias
con aire limpio y manantial de verso
¡Montaña violeta de Segovia,
mi nostalgia de Dios, álzame en vilo!
