14/11/20

ATEÍSMO

CONFIDENCIA DEL AUTOR

 

Siento sobre mis hombros la luz.

Soy sacerdote y

estamos en el triste siglo de Dios silenciado,

maduramente silenciado.

 

Habitantes de esta orilla,

un río de confusión, rebelde a todo puente,

nos separa de la orilla de

Dios.

 

Yo, sacerdote, desplazado con El,

hablo,

llamo,

desde mi pequeña parcela de hombre en trance y

desde su luz.

 

Pero el libro que tenéis en las manos no es un sermón;

es una sangre, la mejor de mi vida, fiel a su Palabra.

 

Primero, intento describir

ese aire oscuro que nos envuelve

para que, conscientes, sintamos su dolor.

 

Después, llamo:

a vosotros, mis hermanos poetas, tan cercanos,

con el espíritu a hombros de la palabra necesaria;

y a todos, hombres

entre mis límites de carne.

 

En los poemas finales, por si os descansa,

serenamente respiro certeza que desearía hacer

vuestra.

 

He aquí mi llamada,

mi urgencia desde la luz:

tal vez, amor;

al menos, intento de amar.

 

(A modo de preámbulo de la obra de Rafael Matesanz “Esta Luz”)