CONFIDENCIA DEL AUTOR
Soy sacerdote y
estamos en el triste siglo de Dios silenciado,
maduramente silenciado.
Habitantes de esta orilla,
un río de confusión, rebelde a todo puente,
nos separa de la orilla de
Dios.
Yo, sacerdote, desplazado con El,
hablo,
llamo,
desde mi pequeña parcela de hombre en trance y
desde su luz.
Pero el libro que tenéis en las manos no es un sermón;
es una sangre, la mejor de mi vida, fiel a su Palabra.
Primero, intento describir
ese aire oscuro que nos envuelve
para que, conscientes, sintamos su dolor.
Después, llamo:
a vosotros, mis hermanos poetas, tan cercanos,
con el espíritu a hombros de la palabra necesaria;
y a todos, hombres
entre mis límites de carne.
En los poemas finales, por si os descansa,
serenamente respiro certeza que desearía hacer
vuestra.
He aquí mi llamada,
mi urgencia desde la luz:
tal vez, amor;
al menos, intento de amar.
(A modo de preámbulo de la obra de Rafael Matesanz “Esta Luz”)