ENTRA SEÑOR
multiplica por Ti sus dimensiones.
Vienes para quemarme. Te propones
convertir en hogar mi pobre leño.
Te pertenecemos, Dios. Eres mi Dueño.
Para Ti mi trabajo y mis canciones.
Haré pesebres de los corazones
para brisar tu gozo navideño.
Gracias, Señor. Al comulgar mi vida
se funde con tu Vida y tu “locura”
en humano y divino compromiso.
Nunca cese mi voz agradecida;
nunca se apague mi cordial ternura.
Nútreme con tu Blanco Paraíso.