FRIA ETERNIDAD
que, en silencio de dios omnipotente,
rasga la clara luz macizamente
para darnos en rachas su hermosura.
Tu recia pincelada, tu estatura
eleva sobre el aire reluciente,
en anhelo de ser, tu augusta frente
-sueño altivo de Roma- hacia la altura.
Pero tu piedra gris, tu piedra yerta,
yo sé que envidia al agua que conduce:
ella puede volar en bella danza,
cuando el rayo de sol su alma despierta;
tu ceniza compacta se reduce
a dar alas de piedra a la esperanza.
