28/12/20

NAVIDAD

 SÚPLICA AL NIÑO DIOS POR LAS FAMILIAS

 

Ya estás aquí, Señor, has alcanzado

la locura de ser de nuestra carne.

Ya la Virgen Te arropa con sus besos

y San José custodia tus latidos.

 

Ya la paja te ofrece su pobreza

como alfombra de oros vegetales.

Ya la mula y el buey se regocijan

porque aceptas sus cálidos alientos.

 

Ya los pastores y los magos saben

que pueden habitar en la esperanza.

Ya la noche supera sus temblores

y se viste sayas de Nochebuena…

 

Ya estás aquí, Señor, en el pesebre

del corazón humano que te ama.

Ya eres brasa de carne que pretende

prender la tierra y convertirla en cielo.

 

Pero, ¿cómo, Señor, si aquí las almas

padecen frialdades de vacío…?

Si en el espacio de la luz manchada

no caben los ancianos ni los niños…

Si la materia invade sentimientos

estercola purezas inocentes…

 

Pero, ¿cómo, Señor, romper el hielo

de tantos corazones congelados?

¿Quién percibe la luz de tu Palabra

desnudamente desvalida y niña?

 

¿Quién se asombra ante Ti? 

¿Quién Te prefiere al cómodo sillón del egoísmo?

Perdóname, Señor, porque no quiero

romper el gozo niño de tu carne.

 

Existen todavía corazones

que sólo viven para contemplarte.

Existen astros de familias buenas

que diseñan Belenes en sus almas.

 

Existen niños que modelan sueños

y jóvenes que siembran esperanza.

Existen madres que generan vida

con desvelos ocultos y sonrisas.

Existen padres de honradez probada

que salvan la familia con sudores.

 

Tú, Niño Dios, que vives la Familia

del eterno Misterio Trinitario,

que viniste a la tierra en la familia

de María y José, castos esposos…,

Tú, doctorado en el trabajo humilde

carpinteando hogares de madera…

enséñanos, Señor, a ser familia

fértil, gozosa, fiel, que recolecte

poemas en los ojos de sus hijos.

 

Familias inventoras de alegría

y enterradoras de disgustos necios.

Familias donde crezca la persona

en diálogos fecundos positivos.

Familias teologales que construyan

los cielos nuevos y la tierra nueva.

 

Niño Jesús, dile a tu Madre Virgen,

dile a José, la sombra de tu Padre,

que todos los hogares se conviertan

en “Iglesias domésticas de fe,

para ser levadura en este mundo

y ensayar la Familia de los cielos.