LLEGA SEÑOR
que disuelva los miedos de mi vida.
El mundo es una selva dolorida
sin arroyos de viva transparencia.
Sobra el rencor y falta la clemencia.
Se habla de paz abriendo nueva herida.
La libertad estalla como huída
hacia la cárcel de mayor ausencia.
Llega, Señor, penetra las miradas,
invade el corazón, fecunda el llanto,
amanece por todos los confines.
Llega, Señor, que están abandonadas
las notas en origen de mi canto,
el canto que plantaste en mis jardines.
