CONOCER A JESÚS
como cambia la tierra cuando llega
el beso fértil de la primavera.
Todo era atardecer sin tu presencia.
Los caminos, sin Ti, nunca llegaban
al término feliz de mis anhelos.
El asedio de sombra se enlutaba
la canción de mi sangre y de mis labios.
Pero llegaste Tú, te introdujiste
en la morada de mi ser oscuro
y me inundó tu claridad ardiente.
Ya sé por qué las flores se comparten
en danzas de colores y en aroma.
Ya sé por qué los pájaros encienden
el corazón del árbol con sus nidos.
Ya sé por qué los ciervos se dibujan
como ágil floración del horizonte.
Ya sé por qué los niños son doctores
en el Reino que funda tu Palabra.
Cuando Te conocí, perdió la muerte
su peso terrorífico de Nada.
Jesús, Amor, Persona articulada
con carne mía y con dolores míos…
Jesús, Señor, que das en la mirada
confidencias altísimas de Vida…
Jesús, Palabra que al sembrar palabras
restituyes al hombre sus verdades…
Jesús que mueres en abrazo recio
de sangre y esperanza redentora…
Jesús que resucitas y restauras
la carne que en ceniza se suspende…
Cuando Te conocí, cambió mi vida.
Contigo, resucito en cada instante,
dando sentido claro a mis latidos.
Voy por el mundo desterrando penas
y sembrando alegrías de misterio.
Voy recogiendo flores olvidadas
en cada hombre y en cada paloma.
Voy adorando franciscanamente
tus besos en los seres diminutos.
Tú me cautivas para hacerme libre.
Tú me fascinas para hacerme llama.
Tú me requieres para hacerme apóstol.
Tú Te confías en mi casa pobre
y, con sólo habitarme me haces rico.
Señor, Jesús, no sé cómo pagarte
tanto cariño nunca merecido.
Será mi vida surco que se abre
a tu amor y a tu gracia permanentes
y brotaré feliz en las espigas
hechas tarea de Luz que se comparte.
