18/12/20

POEMAS SOBRE EL HOMBRE


 ALEGRÍA DE ENVEJECER

 

Gracias, Señor. estoy envejeciendo.

Quiero decir que me resta menos espacio para llegar

a la cumbre del encuentro Contigo.

 

He recogido con amor el néctar de la vida como don tuyo.

En mí están todos los seres inocentes

que me han escupido las ansias de Ti, de verte “cara a cara”.

 

¿Qué puedo temer?

¿La transfiguración que me purifique?

¿La salida de esta cárcel de mi carne pesada?

¿El dolor de ausencia de los hermanos que quedan en la tierra?

Sí; pero estaremos más hogareñamente unidos

en las verdades ardientes de la fe.

 

Voy envejeciendo: o sea, llegando

a la juventud eterna Contigo.

 

Nada me turba, porque Tú eres mi término próximo.

Nada pierdo, porque en Ti lo hallaré todo consumado.

 

Envejeciendo, Señor. Esto es: Asciéndeme a Ti: acércame, levántame,

fúndeme con tu intimidad.

 

Y mientras dure, aunque sea breve, este ascenso,

cuida esta lumbre de fe, esperanza y amor

que me ilumina y calienta.

 

Gracias, Dios mío, por envejecerme,

por irme haciendo posesión tuya del todo y para siempre.