GRACIAS SEÑOR
que en los santos alumbras tu Hermosura.
Son tus obras maestras. Te pronuncias
en sus vidas abiertas a tu Vida.
Te buscaron con ansia y encontraron
la luz que deseaban en tu Luz.
Tu Verdad alumbró su entendimiento
y de Ti mismo se inundó su alma.
Fueron testigos que Te demostraron
viviente en sus palabras y en sus obras.
¡Enhorabuena, Amor, que nos amaste
desde la cercanía de su presencia!
Te hiciste en ellos virgen de ojos puros
para purificar nuestras miradas.
Te hiciste madre que se da fecunda
en ocultos detalles de cariño.
Te hiciste pregonero de la fiesta
de los seres creados por tu mano.
Te hiciste monje de sayal austero
en celda de silencio sosegante.
Te hiciste sacerdote que reparte
tu palabra y tus signos salvadores.
Te hiciste niño de candor reciente
te hiciste joven de mirada limpia.
Te hiciste adulto que se da maduro
en trabajo creante y adorante.
Te hiciste anciano Simeón cantando
la Lux de eterna vida en tus moradas.
Enhorabuena, Dios. Los santos llevan
en andas tu Verdad exuberante.
Los santos son los héroes de tu amor.
Su vida es tu vida entre nosotros
testimoniada en sangre cercanísima.
Regalan tus milagros. Manuscriben
caminos luminosos hacia Ti.
Son rebeldes a cárceles de lodo
que sujeten su vuelo a sus mansiones.
Danos santos, Señor. Tachona estrellas
en la noche tan densa de este siglo.
Necesitan altura nuestras alas
que ignoran aventura de horizontes.
Gritamos paz, justicia y esperanza;
incluso, pronunciamos las palabras
amor, hermano, niño o alegría;
pero nos manchan las mediocridades
y el corazón fenece en la pereza.
Sólo los santos transfiguran todo
y hacen cristal la opacidad del hombre.
Sólo los santos tienen estatura
para hospedar estrellas en sus ojos.
Sólo los santos, lagos transparentes,
reflejan tu presencia entre nosotros.
Danos santos, Señor. Prende en la tierra
el fuego de tu amor. Encárnate
en nuestro corazón desempleado.