SABER MORIR
Saber lucir cuando se apaga el día.
Saber donar sonrisas de alegría
cuando el olvido amigo me precede.
Poner amor en cuanto me sucede.
Tejer hogares plenos de armonía.
Tomar su peso en la espalda mía
sin decir que no es mío y no procede.
Saber morir es empezar la vida
prendiendo el corazón en decidida
hoguera desde Dios que, muerto, vive.
Saber morir es darse libremente
sembrando paz alegre y permanente
hasta que el Dios Viviente nos recibe.