VEN SEÑOR
el calor de mi carne agradecida.
Esta arcilla que soy está encendida
para brizar tu Cuerpo y hospedarte.
Tu claridad conmigo se comparte
y en tu mesa de amor pierdo mi vida.
Saldré ganando, Dios, en la partida:
Tú Te cambias por mí; yo, por amarte.
Encenderé la nueva primavera:
hermano de los hombres y las cosas,
salvador del camino y de la fuente.
Te sembraré en mi sangre prisionera
y brotarán libérrimas mis rosas
para ser Navidad perpetuamente.
