AL NIÑO JESÚS DE LOS REYES MAGOS
Déjame devanarme en el empeño
de hacerme ovillo por vencer tu frío.
Recibe mis caricias de rocío;
la llama viva de mi seco leño.
Quiero nombrarte mi perpetuo Dueño
y gozar tu inocente señorío.
No despiertes, Amor, que en esta tierra
se ven brotar las iras de la guerra
en sangre de inocencia lacerada.
Es mejor que reposes en mis manos
hasta que el hombre sienta los humanos
latidos de tu carne confiada.
(Segovia - Residencia Sacerdotal - 6 - Enero -1998)
