TRAIGO A BELÉN
el corazón rendido de los Magos,
las montañas, los ríos y los lagos
y una invasión de tiernos ruiseñores.
Traigo el verso encendido de las flores
y la penumbra de mis días aciagos.
Traigo el sendero de matices vagos
y el pan de mis desvelos y sudores.
Traigo mi amor, Divino y Pobre Niño,
y la nieve de un beso como armiño
para arropar tu Cuerpo blancamente.
Traigo al hombre: su ruina y su grandeza.
Me traigo a mí, Señor, a mi pobreza
adorando la tuya mansamente.
