EL DON DE LA FE
en los seres que envuelven mi existencia…
Este habitar la cálida presencia
de tu luz alumbrando la alborada…
Este asentir del alma derramada
en dimensión de mansa trascendencia…
Este saber, sobre la sola ciencia,
que eres la Plenitud enamorada…
Inunda mi pobreza, me consuma;
aleja los asedios de la bruma
en el regazo de la certidumbre.
¡Gracias, Señor, mi corazón florece
en el don de la fe que vive y crece,
todo verdad y todo mansedumbre…!
