“…decían: Todo lo ha hecho bien; hasta a los sordos hace oír y a los mudos hablar”(Lc. 7, 37).
de viaje inútil por el tiempo breve.
Sordos a la palabra de tu nieve;
mudos a la del casto anhelo que enterramos.
Y así, sordos y mudos caminamos
a cualquier sitio donde siempre llueve
un vacío creciente que se atreve
a derribar la casa que habitamos.
Y no nos damos cuenta y se nos hunde
el tejado en las sienes. Y nos cunde
un aire por la sangre de tristeza
crónicamente cierta y roedora.
Y todo por dejar pasar la hora
de vivir tu milagro con certeza.
