“Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os amé” (Juan. 15, 12)
Te agradezco el amor, porque esta luna
que derrama su carne plateada
sobre el anochecer de mi pisada
yergue vivos los sueños de mi cuna.
Nací para el amor. Mi vida es una
terca llama de amor: una cruzada
de sangre frágilmente inmaculada
contra toda ceniza triste y bruna.
Creo en la eternidad. Y mi certeza
se basa en el amor que me atestigua
como el padre a los hijos engendrados.
Hijo soy del amor. En él empieza
mi sangre de esperanza tan antigua
como tu luz temprana en mis collados.
