Es otoño y el río dócilmente
carga sobre su piel de cristal sucio
hojas que fueron lenguas de la brisa.
La tersa luz de su verdor de abril
se ha quedado en el tiempo.
Hoy replegada, hojas, barcas, tristes
corazones marchitos, desmayados,
navegan su cansancio de vivir.
Ante ellas escribo mis temores:












