Vivo por eso y muero por eso solamente;
para salvar el nido del amor en el hombre.
Mi gorjeo es arroyo que mana de la fuente
de Dios. Amor que vive y muere en mis entrañas.
Entiendo que las flores escriben poesías
para encender senderos hacia el hogar eterno.
Desde mi humilde rama mecida por la brisa,
el arroyo me habla de fértiles llamas.
Yo recojo pajitas y construyo mi nido
tejiendo tiernamente desvelo y esperanza.
A veces el temblor me asalta crudamente
cuando pienso en el hombre carente de ternura.
Y otra vez en la rama, cuando la madre incuba,
canto de gozo y miedo para salvar el nido.
Desearía que el hombre envolviera su hogar
de gorjeo y pajitas tejidas con desvelo.
Pero acaso los hombres desprecian confidencias
de pájaros ilusos que brizan a los niños.
Acaso de su carne enlodan el misterio
con opaca lujuria que salpica el gorjeo.
Pero el motivo exacto de mi sangre con alas
es salvar este nido y anidar en lo eterno.
No tiene otro sentido mi verso necesario:
testigo soy del cielo y hecho amor en familia.
