18/5/22

MIENTRAS LOS NIÑOS MUEREN

 


 

Aquí mi rebeldía enluta el horizonte.

Mi gorjeo es el llanto de la nieve pisada,

mi dolor estercola el gozo del poema,

porque los niños mueren, porque los niños mueren.

 

Envejecen los hombres, sobran los ruiseñores,

pero yo no lamento que mi vida se extinga;

lamento que los hombres corrompan sus entrañas,

en el inmundo lodo del placer enervante.

 

Mientras los niños mueren, callan los ruiseñores.

Debería callar como grito de sangre,

pero canto sangrando para iniciar un río

de sangre que se inmola para salvar los niños.

 

No pidáis que serene mi gorjeo colérico.

Estos son mis poderes, mis débiles poderes:

evocar primaveras en los ojos del niño,

encender los hogares con niños florecidos.

 

Salvar con la presencia blanquísima del niño,

la paz alanceada por cálculos del hombre,

abrir caminos nuevos al misterio que espera

sencillez en la ente y amor en las entrañas.

 

Aquí mi rebeldía se hace condenación

de manos asesinas, de razones de lodo

que silencian al niño sin estrenar palabras.

Y calla mi gorjeo inundado de sangre.