El tiempo es un gran tesoro
que Dios nos pone en las manos
para hacerle bien rendir
cada jornada del año.
A veces piensa uno triste
que la vida nada vale,
porque el dolor o la angustia
se acercó al caer la tarde.
O porque el sol se nubló
o comenzó ya a llover,
y el horizonte oscurece,
sin saber qué responder
a la falta de ilusión
y de lucha por la vida,
que comporta decisión
en las idas y venidas.
Sin querer cazar leones
por los pasillos de casa
como el loco Tartarín…
de Tarascón…
y más bien quitando polvo
y con la buena intención
de sacar brillo a las cosas
poniendo en ellas amor…
Con la bolsa de la compra
y el dinero en la otra mano,
porque nada dan de balde
ni en invierno ni en verano…
Lo importante es no tener
para dar tú vueltas
a lo que no cuadra bien
o es duro al subir la cuesta.
