Te quiero amar, Amor, y en fuego tanto,
que me queme las alas al amarte
y, prisionero en el querer, donarte
mi pobreza tan pobre, vuelta canto.
Te quiero amar, Amor, y me levanto
a ser el más pequeño y alcanzarte
desde la pequeñez que me comparte
para, sin advertirlo, ser un santo.
Quiero ser el peor de los humanos
para que me aventajen mis hermanos
y todos para Ti se hagan cariño;
pero que yo te dé cuanto poseo,
que me entregue a mi mismo en balbuceo
de jubilosa gratitud de niño.
