Padre Te llamo ¡Padre! y me reclino
en tu regazo paternal, Dios mío.
Se retiran las sombras del vacío
y alumbra tu mirada mi camino.
Sumerjo en tu cariño mi destino
y me lavan las aguas de tu río.
Con el beso cordial de tu rocío
mi barro pobre se hace cristalino.
Padre, Papá, cariño providente
que me habla al corazón sencillamente
y me lleva en la palma de su mano.
No me prives jamás del regocijo
de sentirme y vivirme como hijo
fundido en tu cariño sobrehumano.
