“…decían: Todo lo ha hecho bien; hasta a los sordos hace oir y a los mudos hablar”(Lc. 7, 37).
¿Por qué, Señor, la creación entera
tímida en nuestras manos se marchita?
¿Para qué tu presencia en esta cita
que nos parece estúpida quimera?
Somos el hombre, concentrada fiera
de sabia egolatría nos habita.
Y al final una muda estalactita
taladrará la muda calavera.
Perdón, Señor, por tanto pesimismo
sobre el hombre que soy, desnudo abismo
carente de palabra agradecida.
Esta sangre que lloro es la plegaria
que fecunda la viva luminaria
de mi árbol devanado hacia la VIDA.
