Los caminos divinos que se abren
al ritmo de pisadas encendidas
con la llama de Dios.
Los caminos que llegan a la entraña
del árbol y la rosa.
Los caminos que saben de esperanza
señalando el origen de la aurora.
Los caminos que dan a la mirada
destino transcendente.
Los caminos que beben los sudores
para nutrir las fuentes agotadas.
Los caminos filiales que confían
en el dedo de Dios que los señala.
Los caminos fraternos que entrelazan
corazones de hombres y de estrellas.
Los caminos con alma porque dentro
de su entraña de tierra, manuscriben
besos de Dios ocultos en las cosas.
Caminos de la escoba, del arado,
del destornillador, del microscopio…
Caminos de las manos, laboriosas,
de la mente fecunda iluminada.