Mi alegría filial no se estremece
por sombras de pobreza y de pecado.
Dios en mi Padre. Vivo sosegado
en su regazo que me abriga y me mece.
Sólo pensar en El, rejuvenece
mi corazón feliz alborozado.
Estoy -lo testifico- enamorado
de este Dios que me nutre y me florece.
Con Dios lo tengo todo. Todo es mío:
mío el paisaje, mío su rocío,
mía la sonda que a su amor me guía.
Dios es Amor y, cuando en El se habita,
la sangre se hace lumbre manuscrita
con sílabas ardientes de Alegría.
