Sópleme la brisa de tu aliento y lléveme en sus alas…
Préndame la luz de tu Mirada y aduéñese de mí…
Tómeme la palma de tu mano y lléveme
como llevan las madres a sus hijos sin decir donde van…
Yo sé que Tú, Señor, eres mi madre,
el beso caliente de la brisa, la claridad caliente de la luz.


